Todos añoramos alcanzar la perfección, o al menos que quienes estén dirigiendo las riendas de nuestro país o ciudad se acercara a ella. Pero, ¿se puede lograr? ¿Es justo que exijamos las mejores cartas de presentación si luego cuando existen candidatos con una amplia preparación, terminamos votando por el que nos hace reír, entretener o tiene el discurso más “bonito”?
Hay una gran diferencia entre nuestra imagen real, la imagen que deseamos dar y la forma en que el público nos percibe. La imagen real es como somos en realidad, nuestra identidad, eso que por medio de actos recurrentes y sin esperar nada a cambio nos convierte en la persona que somos; eso de lo que muchas veces ni siquiera nosotros estamos conscientes. La otra cara de la moneda es la imagen que deseamos presentar, esa máscara de virtudes vacuas, de la que constantemente nos preocupamos por hacer resaltar pero que muchas veces si nos miramos con sinceridad en el espejo sabemos que no es real. Y la otra, la que más le importa a los candidatos y partidos (o la que les han inculcado a lo largo de los años como la más relevante) es la imagen que el público, en este caso el elector, percibe de nosotros.
Estas dos últimas imágenes, la que se desea dar y la percibida, son en las que constantemente trabajan candidatos y partidos; porque a final de cuentas les sigue funcionando, debido a que lamentablemente son las que convencen al gran electorado. Es por esto que seguimos viendo grandes caravanas; con garotas y cerveza, con salsa y con payasos; así como candidatos abrazando niños, caminando por las plazas y sobando perros. Debido a esta realidad que se sigue presentando en el país, es que valores como la honestidad, transparencia, responsabilidad o eficiencia, solo sirven para que los candidatos se puedan llenar la boca y gritar a todo pulmón que son los grandes poseedores de los mismos. Pero, ¿realmente es así? ¿No sería más justo tener la posibilidad de conocer a fondo a los candidatos y ver si todo lo que predican que son es cierto? ¿Que no son máscaras las que nos presentan? Porque, seamos francos, ¿de verdad pensamos que en menos de dos meses de campaña podremos tomar una decisión fundamentada? ¿Cuánto tiempo nos tomaría realmente conocer a una persona en su totalidad y dilucidar sus verdaderas intenciones?
Recordemos que el fin de la campaña es convencer a los electores para que voten, punto. No hay medias tintas. Por esto la manera más responsable de ejercer nuestro voto sería investigar a fondo los perfiles de los candidatos que nos interesan, porque ellos, aunque no nos guste serán quienes terminen tomando las decisiones por nosotros una vez que sean electos. Nuestro único medio para pronunciarnos y tomar decisiones en este caso no es solo cuando estemos frente a la papeleta, porque luego de eso nuestra mayor responsabilidad es levantar nuestras voces si vemos que quienes están en el poder no cumplen con lo que prometieron, en ese momento es cuando de verdad haremos valer nuestro poder como ciudadanos.
El Universo «¿Cuan beneficioso sería un debate público con los candidatos a Alcalde de Guayaquil?» 17. Febrero.2019
Excelente, muchas preguntas!, realmente conocemos por quien vamos a votar o nos dejamos llevar por lo que solo quieren demostrar.
Es realmente importante investigar quienes son, de donde vienen y que han realizado por los demás.
Ojalá realmente reflexionemos y no volvamos a equivocarnos. El voto es poder y ese poder está en nuestras manos.
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