ARMADOS HASTA LOS DIENTES
Cuando una persona accede a un cargo público, instantáneamente adquiere una gran responsabilidad, porque su manera de pensar trasciende los confines privados de su mente para verterse en el imaginario popular. En otras palabras, lo que está en sus cabezas se vuelve real, y muchas veces esas ideas inocuas en sus mentes, son peligrosas. No es lo mismo que el tiendero de tu barrio te diga que a los delincuentes hay que darles bala, que está bien que se saquen las cabezas en la cárcel, que la vida de los presos no vale nada; es reprobable pero entendible, él no sabe ni tiene que saber nada de política criminal. Este tiendero no sabe que en realidad el Estado al momento de encarcelar a un ser humano se vuelve garante de su seguridad, es responsable de lo que les pase allí dentro, al igual que sería responsable de que si usted al ir manejando mata a alguien sin intención y debe ir tres años a la cárcel no termine siendo torturado, violado, ni que le corten la cabeza.
Por otro lado, cuando un cargo electo dice en televisión nacional que la solución para paliar la delincuencia es que todos los ciudadanos de bien debemos andar armados, eso sí es una gran irresponsabilidad. Esto porque estadísticamente se ha demostrado que a mayor gente armada mayor violencia, y para mala suerte de quienes nos gobiernan ellos deben tomar decisiones basándose en datos, y no en las ideas que les salgan del hígado después de haber andado en los carruseles en Disney. Es por esto que una declaración del tipo, “los hombres de bien tienen permiso para matar a los delincuentes” en lo único que va a derivar es en que nos convirtamos en una sociedad de asesinos, y los muertos siempre terminarán siendo los más pobres, porque en vez de encontrar políticas para darles educación, salud y trabajo al parecer la solución más sencilla para algunos políticos es que les demos bala.
Publicado en: Diario El Universo (10 de octubre, 2021)