Nos hemos acostumbrado a mendigar por obras. A pensar que estas son una moneda de cambio que pueden ser usadas para adquirir votos; que debemos aplaudir a los funcionarios cuando no hacen más que cumplir su trabajo. Debido a la falta de conocimientos sobre cuáles son los roles que los dignatarios deben desempeñar, hemos llegado a la errada conclusión que debemos admirarlos porque realizan un carretero secundario o un parque; algo tan absurdo como aplaudir al cajero de un banco cuando nos entrega nuestro dinero (e incluso nos cobra una comisión para decirnos cuanto efectivo nos queda en nuestra propia cuenta). En este sentido, los políticos no son tontos; aunque piensan que los ciudadanos sí lo somos. Ya que se aprovechan de esta distorsión en el imaginario de los electores y pasan gran parte de sus administraciones realizando obras parches que puedan usar para tomarse la foto y olvidan las obras trascendentales, esas que finalmente todos en una comunidad según sus necesidades han solicitado y que tal vez por ser menos lucrativas nunca se terminan realizando. Es debido a esto que debemos tener muy claro que todas las obras que se realizan por cualquier autoridad terminan saliendo de nuestro propio bolsillo, que es por medio de los impuestos que pagamos hasta cuando compramos un caramelo de donde provienen todos los pagos a los dignatarios desde el puesto más alto, hasta el servidor público con el puesto más bajo, y es por esa razón que cuando un político sale a desgañotarse diciendo que nosotros somos sus mandantes hay que tener claro que lo somos en el momento de la campaña cuando van de puerta en puerta rogando por un voto y también luego de que este político termine siendo elegido, incluso aunque nosotros no hayamos votado por él. En este momento cuando estamos próximos a elegir un nuevo presidente, debemos recordar más que nunca lo que aquí se ha manifestado, porque cuando lleguen a la puerta de sus casas un grupo de funcionarios que ustedes saben que han pedido vacaciones de sus puestos con aire acondicionado por unos días para poderse poner camisetas de colores con las cara sonriente de un candidato para prometernos el oro y el moro, tenemos la obligación de saber cuáles son nuestros derechos como ciudadanos establecidos en la constitución, entre los que priman la vida, la salud, la educación y la seguridad. Y que estos derechos nos deben ser cubiertos a cabalidad por quienes fueron elegidos no como nuestros mandantes, sino como nuestros servidores transitorios.
Sobre verdaderos mandantes y mandados. El Universo 23/09/2020