Nos hemos acostumbrado a recibir como verdades inmutables desde hace ya mucho tiempo cualquier afirmación antojadiza que sentimos que como pueblo representa lo que queremos. Es así que cualquier político gelatinoso no necesita más que desde su celular revisar twitter para informarse de pasada sobre algún tema que esté de moda para de esa forma brindarnos su sagrada perspectiva; unos lo hacen escribiendo peroratas en menos de 250 caracteres, otros se ahorran la molestia dando retweet junto con un emoticón que define lo que sienten, y los demás, “los progress”, realizan el ya acostumbrado video-selfie para demostrarnos la indignación y el desespero reflejado en sus rostros. Pero, ¿alguno se toma el tiempo para desenfocarse de lo que la que consideran masa quiere y se preocupa por lo que necesita? Probablemente no, quizá imaginan que eso de pensar les vaya a generar demasiada molestia.
Es inadmisible que como ciudadanos no exijamos que se suscriban políticas claras que engloben los grandes problemas que nos han aquejado desde que nos iniciamos como república; Seguridad, entendida como saber que nuestro dinero y esfuerzo no perderá su valor en el tiempo. Certidumbre, reflejada en la convicción que las reglas del juego en materia legal vayan a mantenerse independientemente del color de camiseta que vaya a ostentar nuestro próximo mandatario. Y protección, demostrada en el saber que si respetamos nuestros deberes como ciudadanos, el estado se encargará de protegernos de cualquiera que, violando la norma, pretenda querer afectarnos de manera que no nos podamos recuperar.

Lamentablemente, este ideal de sociedad se va alejando de nosotros cada vez que una protesta violenta logra hacer recular todo el aparato gubernamental, se aleja también con cada persona que respira aliviada sabiendo que quien se sintió violentado porque le va a costar el doble llenar el tanque de su tractorcito se sienta con derecho a destruir una ciudad que es patrimonio cultural e incluso se arrogue el derecho de crear una guardia pretoriana privada porque el señor cacique habla en nombre de los ecuatorianos. También el ideal de sociedad se aleja cuando todos los que no están de acuerdo con los desmanes se quedan en sus casas respirando aliviados porque cada día que dure la protesta solo signifique para ellos un día más de vacaciones.
Es deber de los políticos enfocarse en idear políticas, que trasciendan cualquier ideología, es también su deber brindar igualdad de oportunidades para que todos podamos progresar; no querer utilizar discursos de igualitarismo llevándonos a todos a ser similares dentro de la miseria. Es deber de los ciudadanos dejar de deslumbrarse por discursos grandilocuentes que al final no terminan diciendo nada, también es su deber enfocarse en que las nuevas generaciones conozcan la manera como se ha desnaturalizado el fin de la política, comenzando este siendo el arte de servir; para terminar convirtiéndose en un medio por el cual se sirven quienes solo viven buscando el poder sin importar la destrucción que dejan detrás.