No me representan.

Ante el espacio de circunloquios llevado a cabo en la reunión con los representantes de las organizaciones indígenas con representantes del gobierno del Ecuador, dejando a un lado las solicitudes claramente intransigentes de un lado y las respuestas tibias del otro. Lo que me llamó la atención fue la repetida afirmación “hablamos en representación de todos los ecuatorianos”. Alto ahí, a mí no representan. Probablemente a los productores lecheros que están perdiendo millones de dólares diarios porque no pueden entregar su producto, tampoco. Mucho menos al periodista que le destaparon la cabeza de un piedrazo por la espalda. Menos a los sectores de la producción que ahora tendrán que arreglársela pagando sueldos a trabajadores que no pudieron llegar a fábricas y oficinas. Tampoco al trabajador medio que no se pudo trasladar en las ciudades porque los buses estaban paralizados porque las vías estaban cerradas. No representan a los estudiantes que no han podido asistir ya más de una semana a recibir educación. Indudablemente no representan a las futuras madres de familia que pasaron sustos cuando llegaban turbas cerca de la maternidad. Asimismo no representan al gendarme que tiene más del 50% del cuerpo quemado por una pilsener hecha bomba molotov. Y así tampoco representan a un amplio sector de la población, que se desgañota pidiendo paz. Pero ¿Qué los hace merecedores de ser los adalides de la verdad? ¿Cómo pretenden saber ustedes lo que yo necesito? Y aunque lo supieran ¿Qué derecho tienen de tomarse mi nombre para crear conmoción social, incendiar el edificio de contraloría y antenas de televisión, tomarse la casa de la cultura?

Pues si quieren protestar, protesten. Nadie les puede negar su derecho. Pero no lo hagan en mi nombre, ni en el nombre del resto de ecuatorianos que no se los han pedido. Háganlo ustedes, aunque representen el 7% de la población, su voz también es importante, no necesitan tomarse el nombre de los demás para poderse legitimar.

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