Decisiones Políticas.

Ante la evidente falta de liquidez, que no pudo ser paleada ni siquiera con los miles de millones provenientes del FMI, el gobierno tuvo que tomar la determinación de, entre otras medidas de orden paliativo; eliminar los subsidios a los combustibles. Decisión que seguramente previeron iba a ocasionar malestar y manifestaciones de los diferentes grupos de poder que iban a ser afectados por la medida. Efectivamente, sucedió. Dando como resultado tal conmoción social que derivó en que al día de hoy nos mantengamos aún en estado de excepción, con todas las restricciones que ello implica. Pero ahora, reflexionando sobre lo sucedido, quizá existieron reacciones que los gobernantes no pudieron predecir. Estas, en pocas palabras, son:
1) La búsqueda de beneficios personales y gremiales que exceden el costo real de las medidas aplicadas.
2) El desconocimiento ciudadano de los efectos de las medidas.
3) El lavado de manos de políticos que, con claros discursos demagógicos pre-electorales, buscan hacerse las victimas como si conocieran la situación real de los ciudadanos de a pie”.

La primera reacción es una clara muestra de lo que sucede actualmente en nuestras sociedades que llamamos civilizadas, todos quieren “jalar para su molino”, o ¿acaso los grandes “líderes” gremiales, estos que con todos los procesos judiciales que ya han tenido encima a lo largo de los años por causa de querer aprovecharse de sus agremiados, están luchando por el beneficio del ciudadano en general? O ¿Lo que vieron simplemente es una oportunidad de oro para poder subir los pasajes incluso mucho más allá del costo real de la afectación? Asimismo, ¿realmente creen que los barbaros que detenían a los carros en la vía perimetral lo hacían por el bien del país? O ¿simplemente encontraron la excusa perfecta para poder robar sin consecuencias poniendo en riesgo la vida quienes no tienen más alternativa que trabajar?
La segunda reacción en cambio, es ocasionada por la evidente falta de socialización, llegando incluso al secretismo al que se nos ha tenido acostumbrados cuando se toman decisiones de vital importancia, ¿O ya nos olvidamos como en medio de una votación en extremo mediatizada por el aborto por violación, nos metieron de agache una negativa a incautar los bienes producidos por actos de corrupción en la esfera pública?
La tercera, el pan de cada día, nos sigue demostrando el escaso compromiso de las autoridades de turno con quienes finalmente los pusieron allí, siempre con reacciones tibias, palabras medidas, discursos programados, y falsas caras de indignación y tristeza.
Contra la primera reacción solo nos queda esperar que la oferta y la demanda, al menos en donde no existen monopolios, pueda regular los precios a sus costos reales. Contra la segunda, les queda a las autoridades imponer castigos ejemplares a quienes afecten el estado de mediana seguridad en el que hasta antes de las medidas nos encontrábamos. Contra la tercera, solo nos queda abrir los ojos, y esperar a que los demás lo hagan, para no dejarnos deslumbrar por camisetas de colores, discursos bonitos y hogazas de pan repartidas como limosna.

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