Jamás un problema será efectivamente resuelto si se atacan los síntomas en lugar de lo que lo causa. Y esto es lo que a través de los años han estado haciendo de lado y lado los representantes del sector empresarial y de los trabajadores. Uno de los motivos de que esto ocurra es que aunque ambas partes están al tanto de dos verdades fundamentales, ninguna se atreve a expresarlas abiertamente debido a que no es lo “políticamente correcto”; las vamos a enumerar:
1) Los empresarios buscan generar productividad que deriva en rentabilidad; no en empleo.
2) Los empleados buscan obtener las mejores condiciones laborales, independientemente de que estas sean rentables o no para la empresa que los contrata.
Para poder dar sustento a cada una de las afirmaciones, se podrían hacer dos preguntas: A los empresarios, denles a escoger entre ¿aumentar su nómina en 100 empleados, o comprar una máquina que realice el mismo trabajo? Y a los empleados, ¿si así como están de acuerdo en recibir el 15% de participación de las utilidades, qué les parecería que les descontaran de su nómina el 15% del valor, si la empresa en algún año produce pérdidas?
Desde allí todo lo que se exprese, sin tomar en cuenta estas verdades, terminará siendo pura palabrería.
Lamentablemente estas realidades no se terminan considerando cuando se quiere llegar a acuerdos, ya que estos se empiezan a concebir de lado y lado, asumiendo que somos un país utópico en el cual empleadores y empleados tienen las mismas necesidades, cuando claramente no es así. Es por esto que como ambas partes jamás terminarán poniéndose de acuerdo por obvias razones, es fundamental que el Estado medie esta relación. En este sentido se podría hallar algún acuerdo mínimo que con el paso del tiempo derive en una solución. Una de las alternativas en el caso de los empresarios puede ser brindar beneficios tributarios enfocados en metas concretas de aumento de empleo, eso sí, con un férreo control para que estos sean utilizados adecuadamente. Y en el caso de los empleados, como muchos de los problemas de la vida debería ser resuelto desde el ámbito de la educación, ya que si un empleado se convierte en alguien que genera valor real y medible a una empresa, esta última sin importar cuánto cobre ese empleado lo terminará contratando y lo cuidará como un tesoro.
Respecto a los 250.000 empleos que fueron prometidos por el actual Gobierno en su campaña, los cuales han terminado siendo motivo de reclamos constantes de los gremios; no tenían razón de ser si se toma en cuenta la crisis tan profunda en que se encuentra Ecuador, puesto que la solución nunca será seguir inflando el golem de la burocracia, sino generar valor, productividad y rentabilidad que deriven en impuestos racionales, que si las condiciones son buenas, terminarán reinvertidos en nuestro país una y otra vez.