Es impresionante ver a una persona que pueda transmitir de una manera tan fresca y espabilada una cantidad de argumentos que contradicen lo que ella misma representó a lo largo de varios años. El señor Xavier Lasso, en una de sus últimas entrevistas (dudo mucho que sea la final) muestra una inusitada indignación en contra de lo que él mismo realizaba. Critica a los medios públicos y privados porque, dice, que ya no denuncian nada; que hay un silencio total. Habla sobre la política de persecución que ahora Lenin Moreno está aplicando a sus ex-aliados. Persecución porque, al menos en parte, se están procesando (aunque de manera tibia) a quienes se presumía y ahora se ha comprobado que han sido artífices de uno de los atracos más grandes que hasta ahora Ecuador ha sufrido como república. Persecución, porque ahora se han denunciado y se están tomando en consideración pruebas de los sobreprecios en obras adjudicadas a dedo y de depósitos de grandes cantidades en cuentas de familiares de los que en su momento tenían las instituciones del estado en sus bolsillos. Persecución, que incluso indigna y asusta a quienes aún no han sido encarcelados, llevándolos a proponer públicamente que se deben cerrar vías de acceso y paralizar servicios públicos, como si eso fuera legal y como si eso, en épocas del correismo no hubiera sido incluso denominado terrorismo.
Dice este señor, que la solución a las sabatinas era simplemente el cambiar de canal (que tontos fuimos, cómo no se nos ocurrió). Lo que a este ilustre caballero se le olvidó notar (que ingenuo que fue), es que existía y existe una ley de comunicación hecha a la medida (y utilizada a conveniencia) de un gobierno cuasi-dictatorial que amordazaba a los periodistas para que no puedan transmitir de manera libre y responsable las atrocidades que se cometieron en el gobierno del cuál él también fue beneficiario. ¿O es que no les parecía raro que funcionarios entraban a trabajar conduciendo un Suzuky y salían en poco tiempo manejando un Mercedes Benz?
Por otro lado, como si fuera asunto de poca importancia, da a entender que los contratos petroleros que hicieron en la época del correismo fueron un gran negocio para el país; aunque es bien sabido que en el gobierno de la década pasada, los contratos se resumían cómo «cómprame ahora que está caro, véndelo, y págamelo en dos semanas cuando ya esté mas barato» habrá que ver también cuanto dinero perdió el país con ese método, y cuántos se beneficiaron. Y porqué no se denunció en esa época, cuando era un secreto a voces que eso esta sucediendo.